viernes, agosto 7, 2020
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¡Inmunidad de rebaño!

Me siento en la obligación de explicar qué es la inmunidad de rebaño, pero de explicarla de forma que todos la entendamos. Estos últimos días no se habla de otra cosa, y sinceramente creo que no todo el mundo entiende el concepto. Entre eso, y los ofendidos por utilizar el término rebaño, algo tenemos que hacer, ¿no?

Somos animales, igual que las ovejas. ¿Cuál sería el término correcto para referirse a un conjunto de humanos? Habría que preguntarle a un veterinario, al fin y al cabo, son los que controlan mejor que nadie este tipo de inmunidad.

En fin, vayamos a lo que nos concierne.

¿Qué es la inmunidad de rebaño, de grupo, colectiva, grupal…?

Empecemos por comprender qué ocurre cuando una persona entra en contacto con un patógeno, en este caso un virus. La inmunología es una rama de la ciencia casi tan interesante, como complicada, por lo que veamos a muy grandes rasgos qué ocurre cuando un virus aterriza en nuestro organismo.

En primer lugar, el virus se topa con nuestra inmunidad innata. Su nombre nos puede dar alguna pista, y es que se trata de mecanismos de defensa generales, contra cualquier patógeno. Células que engullen a los virus, moléculas que intentan acabar con ellos… Esta respuesta es la más rápida. La que se activa inmediatamente, después de detectar el patógeno pululando.

Conforme la infección avanza, entra en juego la inmunidad adquirida. En este caso nuestro cuerpo ya desarrolla una defensa específica contra ese virus. Solo contra ese virus. Y aquí es donde aparecen los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco de nuestro sistema inmune.

Por un lado, los linfocitos T reconocen al patógeno, se activan y generan dos tipos de poblaciones: los linfocitos T efectores y los linfocitos T de memoria. Los efectores activarán una serie de mecanismos para destruir las células infectadas por el virus. Los de memoria, se almacenarán en tu cuerpo. Entre los mecanismos de las linfocitos T efectores tenemos la activación de sus primos hermanos, los linfocitos B, que al entrar en contacto con el patógeno se trasformarán en otros 2 tipos celulares, las células plasmáticas y los linfocitos B de memoria.

Estas células plasmáticas son las encargadas de producir los anticuerpos que detectarán únicamente ese virus. Estos anticuerpos se unirán a los virus que encuentren y los marcarán. Este marcaje atraerá a otras células del sistema inmunitario que lo atacarán.

Acabamos de resumir la respuesta inmune en 4 párrafos. ¿Dónde está el misterio? En la memoria inmune.

El secreto recae en los linfocitos de memoria. Estos linfocitos que, ya han entrado en contacto con el virus y ya lo conocen a la perfección, se almacenan. Se guardan en nuestro cuerpo. ¿Con qué finalidad? Si volvemos a entrar en contacto con este mismo virus, el sistema inmune ya tendrá linfocitos de memoria capaces de actuar rápidamente contra él, evitando que llegue a desarrollar la enfermedad que provoca.

En esto consiste la memoria inmunológica, y es lo que se pretende conseguir con las vacunas. Las vacunas permiten exponer a las personas a patógenos pero de una forma controlada. Utilizando partes de los mismos, inactivándolos… se induce que el cuerpo genere estas células de memoria, preparándolo frente a una futura infección por el mismo patógeno.

De esta forma, la vacunas no solo te previenen a ti de una infección, sino a toda la población. Las vacunas consiguen generar la inmunidad colectiva y proteger a las personas que, por fuerza mayor, no se pueden vacunar.

¿Por ejemplo? Personas con problemas inmunológicos. Aunque las vacunas induzcan una reacción controlada no deja de ser una reacción inmunitaria frente a un patógeno, por lo que se requiere que el sistema inmune funcione para no poner en peligro a la persona.

Por otro lado, personas que se encuentran bajo un tratamiento con inmunosupresores. Sin ir más lejos, alguien que se someten a un transplante y está recibiendo un órgano o un tejido que no es propio. El sistema inmune también reconoce estos tejidos como extraños y puede responder llegando a causar la propia muerte. Por este motivo, se utilizan los inmunosupresores, unos fármacos que apagan el sistema inmune para controlar el llamado rechazo inmunológico contra los órganos no propios.

¿Más ejemplos? Personas bajo tratamientos oncológicos, que frecuentemente, destruyen las células inmunes, y que por ello son más sensibles a infecciones.

Vayamos ya al concepto inmunidad colectiva.

Cuando una persona se vacuna genera inmunidad frente al patógeno, es decir, ya es capaz de defenderse si se tiene que enfrentar a ese patógeno verdadero. Aunque esa persona entre en contacto el virus no va a padecer la enfermedad porque nuestro sistema inmune, gracias a la memoria inmunológica, va a acabar con él antes de que este actué. Esa persona, al mismo tiempo está actuando como barrera para que ese virus deje de avanzar.

Pongamos un ejemplo para visualizarlo mejor. Imagina una población de 10 personas, en la que 7 de ellas están vacunadas contra un virus y por tanto son inmunes. Estas 7 personas impedirán que el virus se disemine y llegue a las 3 no inmunes. Actuarán a modo de cortafuegos. Cuando el virus llegue a ellos, en vez de multiplicarlo y diseminarlo a otras personas acabaran rápidamente con él. Allí se acabará la propagación.

Cuanto mayor sea la inmunidad colectiva, mayor será el número de personas inmunizadas, y por tanto, menor la probabilidad de que las persona sensibles lleguen a entrar en contacto con el patógeno.

¿Qué tiene que ver todo esto con el SARS-CoV-2? La inmunidad de una persona frente a un patógeno no solo se consigue con una vacuna. Las vacunas son la forma artificial de llegar a la inmunidad personal, y al final de rebaño. Pero si una persona entra en contacto con un patógeno, padece la enfermedad (y sobrevive claro), también ha generado esa memoria inmunológica que lo vuelve inmune a una nueva infección.

En el caso de la Covid-19, no tenemos vacuna (aún), por lo que la única manera de lograr la inmunidad colectiva es padecer la enfermedad. El famoso estudio de seroprevalencia realizado en nuestro país hace unos días, ha indicado que tan solo se han detectado anticuerpos contra el virus en el 5% de los españoles.

*Un estudio de seroprevalencia toma muestra sanguíneas de un grupo de personas y analiza si tienen o no anticuerpos contra el virus. Los resultados se extrapolan a la población total.

¿Qué significa esto? Que solo el 5% podría defenderse exitosamente contra el virus. ¿Por qué? Por que como hemos visto, tener anticuerpos contra un virus significa haber luchado con él y haber generado la memoria inmunológica que los convierte en inmunizados.

¿Un 5% es suficiente para generar inmunidad colectiva? No, desde luego que no. Los expertos afirman que se requieren al menos un 60 o 70% de inmunizados. En otras palabras, si ahora nos enfrentarnos a un nuevo brote de coronavirus estaríamos casi en las mismas, un 95% de la población seguiría siendo sensible a la infección.

¿De qué depende la inmunidad colectiva? Del patógeno en cuestión. Este asunto está relacionado con el, ya famoso, número reproductivo básico o R0. Este término, lo único que indica es a cuántas personas transmite el virus una persona que lo ha contraído. Cuanto menor sea este número, más difícil es que el virus se disemine, y por tanto se necesitará una inmunidad colectiva menor.

¿Qué nos queda viendo que no hemos alcanzado, ni de lejos, la inmunidad de rebaño? Ser responsables y entender que las medidas de confinamiento se establecen con un sentido lógico y en base a estudios científicos. La población no es inmune al virus, la situación que vivimos hace unas semanas se puede repetir si llega un nuevo brote. Hasta que no tengamos una vacuna que nos inmunice como sociedad, la medida más eficaz, como ya se ha demostrado, es el confinamiento de la población. Solo así podemos simular una inmunidad de rebaño que todavía no hemos conseguido, y que consiga protegernos a todos de esta amenaza.

¿Quieres aprender un poco más sobre vacunas?

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Por aquí os dejos un buen resumen de la respuesta inmune completa:

Toche, P. (2012). Panoramic Vision of the Inmune System. Inmunología, Unidad De Medicina, Departamento De Clínica, Interna, 23(4), 446–457.

https://www.elsevier.es/en-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-vision-panoramica-del-sistema-inmune-S0716864012703358

Y el informe del Gobierno y el Instituto de Salud Carlos III sobre la inmunidad frente al SARS-CoV-2.

https://www.conprueba.es/sites/default/files/noticias/2020-05/LA%20RESPUESTA%20INMUNITARIA%20FRENTE%20AL%20CORONAVIRUS%20SARS-COV-2_0.pdf

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María Iranzohttps://www.mariairanzobiotec.com/
Me apasiona la biotecnología y mi sueño es ayudar a descubrir la cura del cáncer. Actualmente formo parte del grupo de investigación de etiología y terapéutica de enfermedades periodontales. Máster en Bioquímica, biología molecular y biomedicina (UCM). Graduada en #Biotecnología (UdL).

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